Abdicación de Carlos V

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Abdicación de Carlos V2020-02-07T17:42:32+00:00

Abdicación de Carlos V  de  Louis  Gallait. Para explicación detallada del cuadro, cf  Auguste Voisin “Abdication  de Charles quint par Galliart”. Un libro en donde con cierta teatralidad propia de la época (1810), se describen  minuciosamente la presentación del emperador por parte de Filiberto de Bruselas (pág 10) justificando su abandono antes de la edad , debido a los terribles sufrimientos de su enfermedad , “mal que la medicina no sabe curar”, “cruel e inexorable, que invade su cuerpo desde lo alto de la cabeza a la planta del pie”… y también el discurso de Carlos V antes de abdicar(pág. 12-16) , largo discurso envuelto en el silencio solemne de todos los asistentes  y que traducimos aquí en sus párrafos esenciales : “Queridos amigos, muchos de vosotros  recordareis , que hace cuarenta años, mi abuelo

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paterno, Maximiliano, me reconoció mis derechos, aquí en esta  misma sala, a esta misma hora, cuando yo tenía apenas quince años”. “Al año siguiente, Fernando el Católico, mi abuelo materno, muerto, me hacía ceñir la corona española a la edad de dieciséis años,  pues mi madre se encontraba muy afectada por la muerte de mi padre e incapaz de gobernar”  “Así es que con diecisiete años hube de atravesar el Océano para tomar posesión del reino de España” “Finalmente cuando muere el emperador Maximiliano, con treinta y seis años, he de aceptar la corona imperial , con apenas diecinueve años” “Y  así preservar la salvación de Alemania, de mis otros reinos y de nuestra querida patria, para mantener la paz  y concordia entre las naciones cristianas, y con todas sus fuerzas reunidas,  defender  nuestra santa religión contra los Mahometanos” “Pero la herejía de Martín Lutero, y las luchas por el poder, no

me permitieron completar este proyecto” “He estado nueve veces en la Alta Alemania, seis veces en España, siete veces en Italia, diez veces en Bélgica, cuatro veces en Francia, dos veces en Inglaterra, y dos veces en Äfrica” “Sin contar expediciones para visitar islas o provincias sometidas” “Por ello he atravesado ocho veces el Mediterráneo y tres el Océano Hispánico” “Y paso por alto mi urgente viaje de España a los Países Bajos por las graves revueltas en Gante” “Con tantos viajes hube de dejar el gobierno en manos de mi hermana María , aquí presente, por lo que ella está preparada para las funciones de gobierno”  “He librado innumerables guerras en las que  me he defendido vigorosamente” “Hoy, tras tantas preocupaciones y trabajos, nada me produce más dolor que el no dejaros una paz asegurada” “Tras la última campaña alemana, considerando  deplorable mi estado de salud, he decidido liberarme del fardo de estos asuntos” (luego el rey hace alusión a sus interminables guerras , sobre todo con Francia , quien invade Hainaut, se apodera a traición de Mariembourg, penetra en Artois, “yo le presento batalla”-dice el monarca-“a fin de saldar noblemente nuestra lucha”,-y continúa- “Pero Francia rechaza el combate y le persigo hasta Renty, “ “siento no haberle infringido un más severo castigo. Pero los acontecimientos de la guerra, no dependen de la voluntad de los reyes,  sino de la de Dios “

“Pero no hemos de criticar ninguno de los grandes reveses de la Divina Providencia, sino que hemos de glorificarnos de, más de una victoria,  que la posteridad recordará”  “Que la paz reine entre vosotros”!  “ Permaneced unidos por sentimientos de mutua benevolencia”

“Acudid a la justicia y a las leyes  con la obediencia y el respeto que le son debidas “Extirpar cualquier secta de países vecinos que intenten sembrar sus raíces en los vuestros” “Finalmente he de reconocer mis faltas cometidas , bien por la ignorancia de mi juventud, bien por el orgullo de mi edad madura, o quizás por otra debilidad  inherente a la naturaleza humana” “Pero yo os declaro aquí , que jamás, ni consciente, ni voluntariamente, he cometido injuria ni violencia, Si alguna vez ha ocurrido, ha sido contra mi voluntad  y lo lamento desde lo más profundo de mi alma” “Así suplico a los presentes y ausentes, se dignen perdonarme”. Luego besa y abraza tiernamente a su hijo,  y  María, gobernadora de los Países   Bajos, se levanta para,  como el rey, depositar su poder entre las manos de  Felipe”

Después,  Louis Gallait, pasa a la “parte descriptiva del cuadro” (pág 20-30) de una forma detallada y magistral  que,  con toda seguridad no podremos conseguir aquí, pero  lo intentaremos, sobre todo como muestra de cómo se ha de comentar un cuadro, asunto  que falta en la mayoría de nuestras pinacotecas y libros de Arte

Ante todo, y poniéndonos en la piel del pintor, hemos de captar que es lo que quiere contarnos. En este caso, como obra histórica que nos va a narrar, el gran Gallait, se ha  documentado profundamente sobre la época y personajes que va a pintar.  Sobre todo se ha centrado en el carácter, la figura y las vivencias del gran Carlos V plasmando el hecho más importante  y difícil de la vida:   La renuncia. Renunciar a todo lo que con mucho esfuerzo se ha conseguido y a lo que ya estabas apegado como a tu piel, pues durante la existencia no habías hecho otra cosa, ni tenido más metas  que estar al servicio de los demás cumpliendo lo mejor posible. Tal vez, tras muchos años   de fatigas, te sientes enfermo y poco eficaz y consideras que debes dejar  paso a otros. Pero temes, más que a tu autoanulación, a la despedida. Por eso Carlos V no se despide, no dice hipócritamente, “siento dejaros”, ni tampoco el insulto de “me alegro de perderos e vista “.  Tan solo victimiza sobre su enfermedad,  aunque no sea el mejor argumento, ni el más convincente” Y despliega un menú que tal vez nunca hubiera deseado, de todas sus hazañas,  y se escuda, unas veces en su inexperta juventud, y otras en su alocada madurez,  y si no, pues en la debilidad humana. Todo lo que le han recomendado sus consejeros y amigos. Pero el rey sabe que ante la propia inmolación, que nadie es capaz de  comprender, lo mejor hubiera sido el silencio. Pues después del   discurso inútil,  unos dirán que abandonó por odio, otros  por cobardía o por comodidad.  Y finalmente, el rey con increíble humildad, pide perdón por los errores cometidos.   Es tal vez por lo que la inexplicable abdicación de Carlos V se comprende mejor en la increíble pintura de Gallait. Pues solo  el silencio del lienzo y  el momento más auténtico de esta abdicación, es lo que ha elegido el sabio pintor para su cuadro:   “Él (Carlos V) le impone las manos sobre la cabeza (de su hijo) y permanece un momento inmóvil,  las lágrimas se deslizan de sus ojos” Además, Carlos ha envejecido prematuramente  “como un fantasma dorado” Los historiadores han considerado que la abdicación se debía a otros asuntos, y no a su enfermedad.  Así a la frustración por no conseguir el dominio universal, a su fracaso ante el avance del protestantismo, quizá una incapacidad, después de muchos años de esfuerzos, de  evitar humillaciones. Siguiendo la descripción del cuadro, Voisin continua: “Detrás del sillón aparece la magnífica cabeza del confesor de Charles, con dicha cabeza baja y con su sombrero en la mano parece rezar por su ilustre penitente y no parece ser ajeno a la importante resolución de su emperador pues él va a procurarle en su retiro consuelos que, en vano, el rey ha buscado en el tumulto del mundo. En la sombra y detrás del confesor de Carlos  V, se diluye la estupenda figura histórica de  André Vésale de Bruselas, principal médico del emperador, siempre acompañando al rey a causa de sus enfermedades. Creador de la anatomía europea como ciencia, muerto miserablemente de hambre en 1564, en la isla de Zante, donde había naufragado, al volver de su peregrinaje a Tierra Santa, viaje al que había sido condenado  por la inquisición  ante quien lo habían llevado, al parecer, los envidiosos de su fama, por el presunto delito de haber abierto el cuerpo de un gentilhombre español agonizante, todavía vivo.  En el centro del cuadro, se reconoce bien  a Felipe II, su perfil fiel a una figura fría e inflexible, encorvado ante las rodillas de su padre,  en una actitud humilde, no pensando más que en  levantarse para apoderarse, por fin, el poder supremo, del cual va a hacer un uso mucho más terrible que Carlos  V. Ante todo español, incluso en la capital de los Países Bajos, luce  atuendo negro, que el pintor, con un admirable talento, contrasta con la brillantez y riqueza del resto de las vestiduras de los demás personajes principales. Parece ostentar las insignias de la Orden de la Jarretera, en su calidad de rey de Inglaterra, por su mujer. La gobernadora de los Países Bajos,  María, sentada a la derecha de Carlos, ostenta todos los rasgos de una precoz vejez, triste por sus desventuras como esposa, y sus graves preocupaciones políticas durante los veinte años que ella gobierna los Países Bajos en medio de interminables guerras   . Nacida en Bruselas en 1503, a los cincuenta y dos años, pierde a su marido Luis, rey de Hungría.  En la batalla de Moliata contra los turcos y decide una viudedad eterna. Desengañada de la vida política, renuncia, como su hermano, a su poder, y como él también se retira en soledad y sobrevivirá tres  años a este acto de este memorable día. El pintor, con su talento, nos presenta al príncipe Guillermo de Orange, sobre cuyas espaldas reposa la mano del rey. Con el apodo del “Taciturno”, no por tristeza, sino por saber callarse a tiempo, como político de prestigio, se le ve con los ojos bajos, como a los demás testigos de esta grandiosa escena. Pero ninguna lágrima se escapa de sus ojos. Conociendo a Felipe, prevee  graves sucesos para su país tras la retirada del Emperador, quizás también como futuro fundador de la libertad holandesa. Al lado del príncipe de Orange, un caballero del Toisón de Oro, apoya su mano izquierda el sillón que Felipe ha dejado vacío, es Maximiliano, rey de Bohemia,  archiduque de  Austria y yerno de Carlos V. detrás de él  Manuel Filiberto de Saboya, futuro sucesor de María en la regencia de los Países Bajos. Eleonora de Austria,  junto al grupo de damas, apoya tiernamente su  mano izquierda en el brazo de su hermana María, profundamente emocionada, advierte,  tras la renuncia de su hermano, la pérdida de  la grandeza soberana. Hermana siguiente a   Carlos, nacida en Lovaina.  Casada en primeras nupcias con Manuel rey de Portugal  fue víctima de la diplomacia y los intereses políticos. Dada la avanzada edad de su marido, pronto enviuda y vuelve a casarse ahora con el joven Francisco I, según la primera cláusula del Tratado de Cambrai, muy lejos de ser feliz  en las fiestas de Francia. Junto a ella, otra víctima de la grandeza soberana , Cristina, duquesa de Lorena, sobrina de Carlos V, hija de su hermana Isabel, casada con Cristian II de Dinamarca, apodado “Nerón del Norte” La pobre princesa tiene el rostro cubierto de lágrimas, las manos juntas ,en un ademán convulsivo al ver a su tío renunciar libremente al poder, su pensamiento recuerda, sin duda, a su infeliz padre   que , apresado por los daneses, fue hecho prisionero y condenado a prisión perpetua donde muere. Y en su madre condenada a un exilio voluntario, muerta en el castillo de Zwynaerde, cerca de Gante .A su lado una princesa de porte altanero, María, posible hija de Carlos V,  con el mentón avanzado, seña y santo de la  Casa de Austria, lo que da un carácter de fiereza al rostro,   que el artista ha explotado con exquisito tacto. Detrás de estas cuatro princesas se encuentra un grupo  de damas de corte,  cuyas expresiones, “mirando afuera”,  dan profundidad a la pintura y son de gran belleza. Una de ellas, se vuelve para susurrar algo   a un joven caballero que es el retrato del pintor Un autorretrato, la firma de Luis Gallait en lo más recóndito del cuadro. Detrás de él, su amigo, el artista de Tournai   de gran talento  M Haeghe,  el primer dibujante-litógrafo de Inglaterra. En primer plano, y junto a los dos serios cardenales,  un   anciano calvo, de largas vestiduras negras,  con un papel en la mano, consejero de los consejos de estado,  privado del rey, que es quien ha hecho conocer a la asamblea los sufrimientos y determinaciones del monarca. A su lado, en lo más oscuro de la estancia, un viejo guerrero, siempre con su armadura, a quien se le escapa una silenciosa lágrima. Es el perfil inflexible del duque de Alba. Un cierto anacronismo del pintor,  pues en estos momentos el duque se encontraba con la armada del Emperador en Italia. Tal vez Gallait quiso rodear este momento de todos aquellos que influyeron de manera decisiva en Carlos V Al duque de Alba como representante de la Armada. Quien, por otro lado, en 1539 había dado al Emperador el terrible consejo de  arrasar la ciudad de Gante. También en primer plano y a la derecha del espectador, la figura noble de un hombre que comprende  el gran drama histórico del que forma parte,   Perrenot de Granvelle, obispo de Arras, de lo que va  vestido, antes primer ministro   del rey. Lleva en la mano un rollo de papel  que protege, porque,  en breve, tendrá que presentar a Los Estados, el nombre de Felipe II, quien declarará no saber  hablar ni francés ni flamenco. Delante de  Granvelle, arrodillado y sumido en su dolor, un anciano de ropas rojas, que,  sobre un cojín, sostiene la corona y el cetro que Carlos V había llevado con tanta magnificencia.   Es el canciller de la Orden del Toisón de Oro, instituida en  Brujas en 1431 por Felipe  el Bueno, su barba blanca y majestuosa nos hace reconocerlo como el virtuoso Viglius  muy asediado por el duque de Alba a quien de enfrentó valientemente, fue último abad de la Abadía de S Bavón en Gante. Entre Granvelles y el canciller aparece el conde de Egmont el inmortal vencedor de GRavelines y la batalla de S. Quintín  quien debió sellar con su sangre la independencia de Bélgica y dejar su cabeza en el patíbulo, en recompensa a los servicios prestados a Felipe  II   Cerca de él  Felipe de Montmorency, conde de Horn, glorioso compañero de infortunio de   Egmont. Mira de reojo al confesor de Felipe II el joven dominico colocado tras Granvelles.  Cerca de él , con rico jubón verde y el collar del Toisón , Felipe de Croy En un ángulo, birrete en la cabeza, vestido con su ropa  roja y apoyando la mano sobre la espalda de un joven paje, el legado papal, quien había querido presenciar la abdicación del príncipe más  grande de la época. De rodillas, en primer plano, un dominico apoya sobre su pecho los evangelio, sobre los cuales , en la Asamblea de los Estados va a jurar fidelidad al nuevo soberano” (Texto en francés del autor   A. Voisin  Traducción propia del francés).

Ver también: Lagarón Comba Carlota. Temática de la pintura de historia de la Edad Moderna en España. Eduardo rosales y Vicente Palmaroli.

Abdicación de Carlos V renunciando a los derechos al trono de Flandes en favor  de   su hijo grabado de  Franz Hogenberg 1540-1590.

Muy interesante el artículo de Teodoro Martín Martín    “Carlos  V en Yuste según  Carlos  Mª Esquivel” Herrer y Rodríguez Joaquín  María   “Carlos V recibe en Yuste la visita de S. Francisco de Borja”.

Carlos V en Yuste
1877. Óleo sobre lienzo, 146 x 193 cm. No expuesto
Carlos V (Gante, 1500-Yuste, 1558), rey de España (1516-1556) y emperador de Alemania (1520-1558), aparece representado en un interior, sentado a la izquierda, mirando de perfil hacia el lado opuesto, mientras observa unas figuras móviles colocadas encima de la mesa, hechas por el ingeniero e inventor Juanelo Turriano (Crémona, Italia, 1501-Toledo, 1585), que aparece en pie junto a él. A la derecha, los monjes.

Monasterio de Yuste – La última morada del emperador Carlos V.

El último deseo de Carlos V.